Y después de todo solo nos quedaba, nos quedaba la lúgubre tarea de seguir siendo dignos, de seguir viviendo con la vana esperanza de que el olvido no nos olvide demasiado...
No te atormentes por su corazón, corazón mío; déjalo en la oscuridad. ¿Qué se yo si su belleza es sólo de su cuerpo, y su sonrisa sólo de su cara? Déjame aceptar sin preguntas este sencillo sentido de sus miradas, y ser así feliz.